MCC foto/ Brenda Burkholder

Ann Graber Hershberger, Septiembre 2020, MCC U.S., Akron, Pennsylvania

No olvidemos nuestra primera lengua como agencias basadas en la fe

Por Ann Graber Hershberger, directora ejecutiva de MCC U.S.

 

Desarrollo económico. Alivio después de un desastre. Derechos humanos. Construcción de la paz. Cabildeo político. Si pensamos en cada uno de estos campos del conocimiento como un “idioma” único de pensamiento y práctica, entonces vemos que para servir bien a nuestro mundo, los cristianos debemos ser multilingües. Sin embargo, para los cristianos y las agencias basadas en la fe de todo el mundo, estas son “segundas” lenguas. Nuestra primera lengua —nuestro idioma compartido— es la lengua de la fe. Y estamos en un gran problema si no tenemos esa prioridad.

 

La idea de que la fe en Dios es distinta y superior a otras lealtades es más antigua que el cristianismo. De hecho, las tres religiones monoteístas nacidas de Abraham y Sara (el cristianismo, el islam y el judaísmo) tienen como premisa la fidelidad exclusiva a Dios antes que a cualquier otro poder o entidad. Jesús se explayó en este sentido al orar por sus seguidores, que aunque permanecen en el mundo “ellos no son del mundo” (Juan 17, 14-16). Para el apóstol Pablo, su capacidad de dirigirse a la gente de Atenas (Hechos 17, 16-33) le exigía un profundo conocimiento de la cultura y la filosofía griegas. Pero, a pesar de dominar esos conocimientos (segunda lengua), Pablo basaba su compromiso en su fe (primera lengua).

 

El peligro de olvidar nuestra primera lengua es como lo que puede ocurrir con dos vectores en física. Como dos flechas que empiezan cerca y se mueven en la misma dirección, los dos vectores parecen uno. Pero si tienen un ángulo mínimamente diferente, la distancia entre ellos crecerá gradualmente. Los enfoques y valores de la transformación de conflictos y la construcción de la paz basados en la sociología, por ejemplo, pueden parecer iguales a los de la construcción de la paz basada en la fe. Pero si saltamos del vector de la fe a la sociología como primer idioma, esos enfoques pueden alejarnos gradualmente de la fe.

 

Durante la orientación para las personas que ingresan al servicio del Comité Central Menonita (CCM), la organización en la que sirvo, se les pide a las personas orientadas que consideren la declaración de nuestra misión: “El Comité Central Menonita (CCM), un ministerio mundial de las iglesias anabautistas, comparte el amor de Dios y su compasión por todos en el nombre de Cristo respondiendo a las necesidades básicas humanas y trabajando por la paz y la justicia”. Si bien el CCM es ciertamente una organización no gubernamental (ONG), esa identidad y su campo de conocimiento son secundarios a ser un “ministerio”. Siguiendo esta lógica, nuestra misión no se basa en lo que hace el CCM (“trabajar por la paz y la justicia”) sino en nuestra comprensión bíblica de quién es Dios (“el amor de Dios y su compasión”). Durante la orientación, se pregunta a cada persona orientada: “Si no seguimos esto, ¿cuál es el efecto a largo plazo?”. En repetidas ocasiones, la respuesta es que podemos estar buscando la paz y la justicia, y aun así perder nuestro camino.

 

Una de las razones por las que es fácil perder el rumbo es que mantenerse fiel a nuestra primera lengua no es fácil y puede ser controvertido. Por ejemplo, allí donde el CCM aboga por la paz y la justicia, lo hacemos desde la comprensión de que cada ser humano es tanto un perpetrador como una víctima. Esto nos lleva a pensar más allá del castigo para restaurar a las víctimas y a los responsables. Pero, ¿por qué? Buscando servir “en el nombre de Cristo”, el CCM se toma en serio el mandato de Jesús en el sermón de la montaña de amar a nuestros enemigos (Mateo 5, 44). Esto significa que la primera lengua del CCM con respecto a los países que Estados Unidos ha considerado como enemigos - desde la guerra de Vietnam, pasando por Cuba, Irán, hasta la República Popular Democrática de Corea - nos lleva a buscar el contacto directo con esos países, a servir a las personas vulnerables en ellos y a abogar por la diplomacia pacífica.

 

Esto revela que estar arraigados en nuestra primera lengua puede aportar valor y testimonio más allá del mundo de la fe. La mayor alianza de una agencia no gubernamental internacional de Estados Unidos se llama InterAction. Aunque la mayoría de sus miembros no son religiosos, el CCM es miembro porque valoramos mucho el conocimiento y la colaboración que aporta InterAction. Pero el CCM también aporta algo a InterAction. De hecho, el líder de InterAction ha dicho que, aunque el CCM no es una organización de gran tamaño, se la respeta como un recordatorio para las agencias miembros de mantener los valores en el centro de su trabajo, aunque sea costoso.

 

Para las agencias cristianas, mantener la fe como nuestro primer idioma también ayuda a mantenernos cerca de las personas más vulnerables del mundo. Un estudio del Pew Research Center en 34 países reveló que cuanta más educación tiene la gente, menos piensa que la creencia en Dios sea necesaria para tener buenos valores. Y los países con mayor PIB per cápita tienen menos conexión entre la fe y la moral. Como el CCM sirve a los más vulnerables del mundo, trabajamos con personas de todas las religiones. Y a menudo son nuestros socios del CCM de otras confesiones los que nos dicen: “No hay que ser tímidos con la fe cristiana”.

 

Para trabajar eficazmente en el mundo actual, es esencial empaparse de los campos de los derechos humanos, el desarrollo, el cuidado del medioambiente, la defensa de los derechos y otras disciplinas relacionadas con hacer del mundo un lugar mejor. Además, debido a nuestros fallos como individuos y organizaciones cristianas, hay veces que el lenguaje y los valores de las instituciones organizadas en torno a segundas lenguas están más alineados con los propósitos de Dios que nosotros.

 

Sin embargo, esta necesidad crítica de ser multilingües nos llama a aculturarnos, pero no a asimilarnos a las segundas lenguas. La fe es el núcleo de los cristianos. Si la singularidad de nuestra primera lengua no se alimenta cuidadosamente, acaba perdiéndose.

 

Ann Graber Hershberger comenzó a trabajar como directora ejecutiva de MCC U.S. en el 2020. Anteriormente, Ann fue presidenta de la Junta Directiva de MCC U.S. durante 10 años. Durante más de  30 años enseñó en la Universidad Menonita del Este (EMU) en Harrisonburg, Virginia, incluso como directora del Programa Transcultural de la EMU y en el programa de Doctorado en Práctica de Enfermería. Ha servido como trabajadora del CCM en El Salvador y Nicaragua.